Timing Político

La política tiene su propio Timing

El miedo camina por las calles

Guadalupe Parada Gasson

SABADO 30 MAYO 2026

En Ciudad Juárez el miedo ya no siempre llega con el sonido de las sirenas o con el eco lejano de una balacera. Hoy el miedo tiene otra apariencia; una calle oscura, un parque abandonado, un lote baldío convertido en basurero clandestino, una patrulla que nunca pasa y una autoridad municipal que parece haber normalizado el deterioro urbano.

La inseguridad no comienza cuando ocurre un delito. Comienza mucho antes. Empieza cuando el ciudadano siente que la ciudad ha sido abandonada.

Los gobiernos suelen refugiarse en las estadísticas cuando los cuestionamientos arrecian.

La Federación presume reducciones en homicidios dolosos a nivel nacional; el Estado defiende la inversión tecnológica realizada a través de la estrategia Centinela; y el Municipio suele destacar operativos, cámaras o detenciones.

Sin embargo, para miles de juarenses la verdadera encuesta se responde todos los días al salir de casa.
La percepción de inseguridad en Ciudad Juárez continúa siendo una de las más altas del país. Diversas mediciones de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) muestran que entre 58 y 67 por ciento de los habitantes consideran inseguro vivir en la ciudad, dependiendo del periodo evaluado.
Es decir, seis de cada diez juarenses siguen caminando con la sensación de que algo malo puede ocurrirles.

Y aquí aparece una pregunta incómoda para la política local; ¿por qué persiste el miedo cuando las autoridades aseguran que algunos indicadores delictivos muestran mejoría? La respuesta probablemente no está únicamente en las cifras criminales, sino en el estado físico de la ciudad.

Jane Jacobs, una de las urbanistas más influyentes del siglo XX, sostenía que las ciudades seguras son aquellas donde existen «ojos en la calle»; personas transitando, espacios públicos activos, iluminación adecuada, mantenimiento constante y presencia visible de la autoridad. Lo contrario produce aislamiento, vulnerabilidad y temor.

Ciudad Juárez parece estar avanzando peligrosamente hacia ese escenario contrario. Miles de luminarias continúan siendo reportadas por ciudadanos en distintos sectores. Existen vialidades donde la oscuridad domina desde el anochecer. Los parques públicos muestran signos de abandono. Los lotes baldíos se multiplican en varias zonas habitacionales.

El deterioro urbano se vuelve paisaje cotidiano. No se trata únicamente de estética urbana. Se trata de seguridad.

La propia ENSU revela que los espacios donde más temor experimenta la población son precisamente las calles, el transporte público y los cajeros automáticos. Es decir, lugares de tránsito cotidiano.

El miedo no se concentra exclusivamente en zonas de alta incidencia criminal; se instala en los espacios públicos donde el ciudadano percibe ausencia institucional.

La violencia generada por la delincuencia organizada responde a dinámicas nacionales e internacionales que rebasan cualquier gobierno.

Sería deshonesto ignorar que el Estado ha destinado recursos considerables al modelo Centinela, una estrategia tecnológica que busca fortalecer la capacidad de vigilancia e inteligencia policial.

Sin embargo, ni las cámaras más sofisticadas ni los centros de mando más modernos sustituyen algo elemental; una ciudad ordenada.

La seguridad pública no se construye únicamente desde un monitor de vigilancia. También se construye desde una lámpara encendida, una calle limpia, una patrulla visible y una colonia donde los vecinos perciben que alguien está gobernando.

Ahí es donde la discusión política adquiere un matiz incómodo. Porque mientras los distintos niveles de gobierno debaten competencias, atribuciones y responsabilidades, el ciudadano observa otra realidad; una ciudad donde el desorden urbano parece avanzar más rápido que las soluciones.

El problema no es solamente la delincuencia. El problema es la sensación creciente de abandono.
Y cuando una ciudad se siente abandonada, el miedo encuentra terreno fértil.

Quizá la pregunta que debería ocupar la agenda pública no sea cuántas cámaras se instalaron o cuántos operativos se realizaron durante la semana.

La pregunta verdaderamente relevante es otra; ¿cuántos juarenses sienten que su gobierno municipal está presente en la calle donde viven?

Porque la seguridad comienza mucho antes de que aparezca un delincuente. Comienza cuando la autoridad demuestra que sigue ahí.

Y en demasiados rincones de Ciudad Juárez, esa presencia parece haberse apagado al mismo tiempo que las luminarias.

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