DOMINGO 27 SEPTIEMBRE 2026
Morena enfrenta en Chihuahua un debate sobre democracia interna, liderazgo y legitimidad. Mientras algunos perciben decisiones impulsadas desde las dirigencias, otros defienden el peso de las encuestas y las bases. El reto consiste en equilibrar institucionalidad partidista, voluntad popular y principios constitucionales.
POR JACK RO
Uno de los debates más importantes dentro de los partidos políticos modernos es la relación entre los liderazgos personales y la voluntad colectiva de la organización. En los partidos de izquierda, particularmente en aquellos que surgieron de movimientos sociales y luchas populares, existe la idea de que los cargos públicos son instrumentos temporales de un proyecto político superior y no fines en sí mismos.
Bajo esta lógica, las discusiones actuales en Morena sobre las definiciones políticas en Chihuahua revelan una tensión permanente entre las preferencias de las bases, los resultados de las encuestas y las decisiones de los órganos partidarios.
En Chihuahua ha surgido la percepción de que ciertos liderazgos nacionales podrían estar impulsando proyectos políticos determinados, particularmente en relación con las figuras de Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez. Paralelamente, algunos sectores consideran que otras dirigencias, como Citlalli Hernández, enfrentan limitaciones para ejercer plenamente una conducción política acorde con los principios fundacionales del movimiento.
El problema central consiste en determinar si las decisiones partidistas deben sustentarse exclusivamente en los mecanismos de consulta y medición de preferencias ciudadanas, o si corresponde a los órganos políticos de Morena orientar estratégicamente la selección de liderazgos conforme a su proyecto histórico e ideológico.
Los partidos políticos en la Constitución: El artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce a los partidos políticos como entidades de interés público cuya finalidad es promover la participación ciudadana, contribuir a la integración de la representación nacional y permitir el acceso al ejercicio del poder público.
Desde esta perspectiva, el partido no es simplemente una maquinaria electoral. Es una institución que articula ideas, programas, principios y proyectos de nación.
La democracia interna partidista
Los estatutos de Morena establecen principios de participación democrática, organización desde las bases, transparencia y respeto a la voluntad colectiva. Asimismo, el partido ha defendido históricamente la máxima de que el pueblo manda y las dirigencias obedecen.
La democracia interna implica que ninguna figura política puede colocarse por encima de los procedimientos establecidos por el partido, ya que la legitimidad surge de la militancia organizada y de las normas internas.
La visión de izquierda sobre el poder l a tradición de la izquierda latinoamericana sostiene que los gobernantes son representantes temporales del pueblo y no propietarios de los cargos públicos. El poder se concibe como un mandato delegable y revocable moralmente cuando deja de responder a los intereses colectivos.
Desde esta óptica, los liderazgos deben subordinarse al proyecto político y no al revés.
Las reformas impulsadas por Andrés Manuel López Obrador
Las reformas promovidas durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador estuvieron acompañadas por un discurso centrado en la democracia participativa, la austeridad republicana, el combate a la corrupción y la reivindicación de la soberanía popular.
Dicho proyecto fortaleció la narrativa según la cual el poder público debe estar permanentemente sometido al escrutinio ciudadano y a la legitimidad emanada del pueblo.
Si Morena nació como un movimiento de transformación sustentado en la participación popular, entonces sus decisiones fundamentales deben responder a mecanismos democráticos verificables y al sentir mayoritario de la ciudadanía y de sus bases.
Bajo esta premisa, si las encuestas muestran una preferencia consistente y comprobable hacia un determinado liderazgo, ignorar esos resultados podría generar una contradicción entre el discurso democrático del movimiento y su práctica interna.
La legitimidad del proyecto político depende de que prevalezcan los procedimientos institucionales sobre las preferencias personales de cualquier dirigente.
No obstante, un partido político no puede reducirse exclusivamente a la lógica de las encuestas.
Las organizaciones políticas tienen la responsabilidad de evaluar aspectos que van más allá de la popularidad inmediata: experiencia de gobierno, capacidad de negociación, disciplina partidista, viabilidad electoral, cohesión interna y estabilidad del proyecto político.
Desde esta perspectiva, los órganos de dirección tienen la obligación de tomar decisiones estratégicas incluso cuando estas no coincidan plenamente con las preferencias coyunturales reflejadas en los sondeos de opinión.
La función de la dirigencia es precisamente conducir políticamente al movimiento y no actuar únicamente como una certificadora de encuestas.
La discusión de fondo no se limita a los nombres de Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez o Citlalli Hernández. El verdadero debate gira en torno al modelo de partido que Morena desea consolidar para el futuro.
Si la organización privilegia únicamente los liderazgos individuales, corre el riesgo de reproducir las prácticas tradicionales que durante décadas criticó. Pero si concentra excesivamente las decisiones en grupos dirigentes, también podría alejarse de los principios participativos que le dieron origen.
La experiencia histórica demuestra que los partidos más sólidos son aquellos capaces de equilibrar tres elementos: Primero: La voluntad de las bases. Segundo: La institucionalidad interna. Tercero: La conducción estratégica de sus liderazgos.
En el caso de Chihuahua, la percepción de que existe respaldo político hacia una figura determinada mientras otra aparece mejor posicionada en mediciones de opinión refleja precisamente esa tensión entre legitimidad popular y dirección partidista.
Por otro lado, la idea de que ciertos liderazgos nacionales están limitados en su capacidad de decisión también muestra los desafíos que enfrenta Morena como partido gobernante: mantener la unidad sin sacrificar el debate interno.
Morena nació como un movimiento que reivindicó la participación popular, la organización desde las bases y la democratización del poder. Por ello, cualquier decisión relacionada con candidaturas o liderazgos debe encontrar un equilibrio entre la opinión ciudadana, los procedimientos estatutarios y la visión estratégica del partido.
Ni las encuestas por sí solas deben sustituir a las instituciones partidistas, ni las dirigencias deben ignorar el sentir de las bases. La fortaleza de un proyecto político transformador depende precisamente de armonizar ambos elementos.
La verdadera prueba para Morena en Chihuahua no es decidir entre una persona u otra, sino demostrar que sus mecanismos internos son capaces de traducir la voluntad popular en decisiones legítimas, transparentes y congruentes con los principios constitucionales, estatutarios y democráticos que le dieron origen como movimiento político.
TIMING POLITICO

Más historias
Austria Galindo y Marco Bonilla: ¿la dupla mágica para rescatar Juárez?
Calmado PVEM, Calmado PT, calmaditos… La definición puede esperar
El encuentro de Maru y Claudia fue lo más relevante de la visita presidencial a Cd. Juárez