Timing Político

La política tiene su propio Timing

El frío institucional

JUEVES 22 ENERO 2026

Luis Carlos Carrasco

Qué frío tan gacho se sintió ayer en la inauguración del tramo norte-sur de la ampliación de la avenida De las Torres. Y no, no fue por el aire helado de Juárez, sino por el congelador político en el que dejaron al alcalde Cruz Pérez Cuéllar. Ahí estuvo, solito como muñeco de rosca en enero, cortando listón sin compañía del gobierno estatal.

Porque resulta que don Rogelio Fernández Irigoyen, el dueño vitalicio —perdón, director— del Fideicomiso de Puentes Fronterizos, decidió aplicarle la clásica “gripa diplomática” al evento. Invitación sí hubo, pero ganas no. Y como buen gesto de solidaridad institucional, nadie del estado se apareció. Nadie nadie. Ni por error. A lo mejor todavía andan desempacando las maletas de las vacaciones.

Eso sí, en diciembre pasado, cuando la gobernadora Maru Campos inauguró el tramo sur-norte de la misma avenida, ahí sí apareció el alcalde, puntual y sonriente, dando clases magistrales de buena fe política. Pero ahora, que tocaba devolver la cortesía, el estado brilló por su ausencia. Cortesía nivel: “visto y no respondido”.

Las relaciones entre municipio y estado andan como los semáforos de Juárez: impredecibles. A veces verdes, a veces en rojo intenso y de repente ni funcionan. Así, sin avisar.

Pero dejando a un lado los berrinches institucionales, hay que decirlo: la obra sí va a ser un alivio para miles de juarenses del suroriente. Más de medio millón de habitantes se beneficiarán con esta ampliación que conecta arterias clave como Talamás Camandari y Yepómera. O sea, sí sirve, aunque los políticos anden en guerra fría.

El alcalde presume que la obra impacta a 80 mil personas, libera el tráfico de 35 mil vehículos diarios y mejora la movilidad de estudiantes y maestros de 44 escuelas. Todo muy bonito, muy medible y muy digno de presentación en power point.

Y como ningún político con aspiraciones electorales desperdicia una oportunidad, Cruz Pérez Cuéllar tiene bien puesta la mira en el suroriente. Ahí está cayendo una lluvia de obras: nueve repavimentaciones, cinco pavimentaciones con concreto hidráulico, arreglos eléctricos, bardas, aulas, canchas, domos, parques… y hasta el Estadio 8 de Diciembre. Nomás falta que pavimenten las banquetas con votos.

Porque claro, el plan es cosechar en 2027. Sembrar concreto hoy para levantar urnas mañana. Política básica, versión Juárez.

Mientras tanto, el frío institucional seguirá. Porque en Chihuahua, el clima político cambia más rápido que el del desierto: amaneces con sol y te cae una helada sin aviso.

De cascadas, cabañas y casualidades judiciales

El senador de Morena y exgobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado, andaba más relajado que turista en fin de semana largo. Y no era para menos: la Fiscalía General de la República decidió “atraer” su caso por el presunto peculado de 98.6 millones de pesos. Así, como quien atrae una chancla que se cayó debajo del sillón. Magia federal.

Porque, aunque se trata de un delito del fuero común, nada que un juez federal y un poco de voluntad política no puedan convertir en asunto de interés nacional. Ya se sabe: cuando la justicia local aprieta, la justicia federal afloja. Una ruta ya pavimentada por celebridades políticas como los Monreal, los Yunes y hasta Cuauhtémoc Blanco. El club de los “yo no fui, fue el sistema”.

Corral sonreía confiado. Se le notaba. De esos gestos que dicen: “tranquilos, esto ya me lo sé”. Como alumno que repite semestre y ya trae el acordeón.

Pero ¡oh sorpresa! La paz interior se le cayó más rápido que candidatura mal amarrada cuando le avisaron que su lujosa cabaña —esa que casualmente está cerquita de la cascada de Basaseachic— fue asegurada por la Fiscalía Anticorrupción de Chihuahua. Todo sea por resarcir el daño al patrimonio de los chihuahuenses. Qué detalle tan incómodo.

Nada como perder una cabañita campestre para recordar que el karma existe. Y que la vista al bosque no siempre es eterna. A veces te la embargan.

Y, por si fuera poco, el exgobernador también tuvo su baño de pueblo… pero de los de agua fría. Durante la presentación de un libro, fue recibido con abucheos y una manifestación ciudadana. De esas que no vienen en el itinerario del evento.

Imagínese usted: va a hablar de letras, cultura y reflexión… y termina escuchando consignas. Un club de lectura versión reality show.

Así que mientras en el Senado confían en la justicia federal, en Chihuahua la Fiscalía asegura propiedades. Así las cosas armando!

Moraleja: en la 4T te pueden atraer el expediente… pero no las simpatías. Y la cascada de Basaseachic seguirá cayendo, aunque la cabaña ya no sea tuya.

Cuando la política se pone de pie

En tiempos donde la grilla suele ganar por goleada y la memoria política dura menos que una historia de Instagram, el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla Mendoza, hizo una pausa en la agenda y cruzó hasta Ciudad Juárez para despedir a quien marcó una época: Francisco “Pancho” Barrio Terrazas.

No era cualquier personaje. Barrio fue el hombre que rompió el monopolio político en el estado, el que encabezó la alternancia democrática cuando eso todavía costaba capital político, amistades y hasta tranquilidad personal. Por eso, el adiós no fue menor: panistas de vieja guardia, figuras públicas y militantes se reunieron en la frontera para rendirle homenaje al exgobernador.

Bonilla llegó no solo como alcalde, sino como heredero político de una escuela que presume principios, congruencia y responsabilidad histórica. Así lo dijo, así lo sostuvo. Palabras que hoy suenan casi revolucionarias en un escenario donde la congruencia es especie en peligro de extinción.

Acompañó a la familia, habló del legado y subrayó algo que parece obvio, pero que en la práctica no siempre se cumple: la política debe tener carácter, rumbo y respeto. Tres palabras simples, pero incómodas para muchos.

Porque honrar a Barrio no es solo recordar su paso por el poder, sino entender que su estilo —con aciertos y errores— apostaba a algo que hoy escasea: instituciones fuertes y convicciones claras. Nada de zigzagueos ideológicos ni discursos según la encuesta del día.

El mensaje de Bonilla fue directo: el legado obliga. Obliga a estar a la altura de los tiempos, a no improvisar el rumbo, a no confundir poder con popularidad momentánea. Algo así como un recordatorio incómodo para la clase política actual.

En Ciudad Juárez no solo se despidió a un exgobernador. También se desempolvó una etapa donde la política todavía se veía como un instrumento de cambio, no solo como trampolín electoral.

Y eso, en estos tiempos, ya es bastante decir.

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