Cartapacio
VIERNES 06 FEBRERO 2026
(Tomo II)
Repetiré algunas palabras de uso común en materia política que cobran vigencia como monopolios SEMANTICOS a partir de su repetición sistemática.
- El Monopolio del “Cambio”
Dicen “cambio” como si fuera un producto premium.
Lo repiten hasta que la palabra se desgasta más que un billete de veinte en la cartera de un estudiante.
El truco es simple: no importa si el cambio es para peor, mientras la palabra suene a esperanza, el público aplaude.
Traducción real: “Cambio” significa que se cambian de oficina, de partido, de discurso… pero nunca de hábitos.
- El Monopolio de la “Libertad”
La “libertad” es la Coca-Cola del discurso político: todos la venden, nadie explica qué contiene.
Unos la usan para justificar impuestos, otros para prohibir lo que no entienden, y los más creativos la invocan para defender su derecho a estacionarse en doble fila.
Traducción real: “Libertad” es el comodín para tapar la falta de propuestas.
- El Monopolio de la “Seguridad”
La palabra favorita de quienes confunden paz con patrullas y justicia con cámaras de vigilancia.
“Seguridad” se convierte en un mantra que oculta la inseguridad de sus propios argumentos.
Traducción real: “Seguridad” significa que ellos se sienten seguros… de seguir cobrando.
- El Monopolio de la “Unidad”
Cuando alguien grita “unidad”, lo que realmente quiere es obediencia.
La semántica aquí funciona como pegamento barato: une lo que no se soporta, disimula fracturas y convierte la disidencia en traición.
Traducción real: “Unidad” es el disfraz de la homogeneidad forzada.
- El Monopolio de la “Democracia”
La joya de la corona. Se pronuncia con solemnidad, se imprime en pancartas, se canta en himnos.
Pero en la práctica, “democracia” es el monopolio más rentable: se usa para justificar cualquier cosa, desde el dedazo disfrazado de elección hasta el silencio impuesto en nombre del consenso.
Traducción real: “Democracia” es el monopolio semántico que convierte la falta de argumentos en espectáculo electoral.
Los monopolistas semánticos no necesitan ideas, solo diccionarios.
Se pasean como brokers del lenguaje, comprando y vendiendo palabras al mejor postor.
Y mientras el público cree que escucha conceptos profundos, lo único que recibe son slogans reciclados.
En esta guerra, no gana quien piensa, sino quien repite.
El poder no se mide en razones, sino en la cantidad de veces que logras que tu palabra se convierta en dogma.
Tengo la ligera sospecha de que los panistas de Chihuahua, pretenden usar el término «CORRUPTO «, contra el alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, como un MONOPOLIO SEMÁNTICO para intentar descarrilar su proyecto de ser el candidato, y luego gobernador a la fuerza de repetirlo sistemáticamente.
Algo pasa que no les funciona.
Mientras los pitufos se desgañitan, el edil construye día a día su designio y reune tras de sí una robusta mesnada.
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