Cartapacio
MIERCOLES 01 ABRIL 2026
Ya lo dije en el capítulo anterior, los panuchos andan en modo gambusino electoral.
Y en vez de piolet para escarbar en las minas, y escalar montañas, se compraron una deslumbrante APP, para colectar zafiros.
El primero en salir encandilado fue Iván Pérez Ruiz, a quien le dejaron inoculado el rostro de nata azul.
Y el segundo… Thor Salayandia, atrapado por la elocuencia del dirigente Urrutia en delicioso desayuno, poco le falta para hundir el pulgar en la gelatinosa APP, atrapazafiros.
El fenómeno se abrió al plano ciudadano.
Ayer lo anunció Raúl García Ruiz en su publicación semanal con ADN… «La puerta ya se abrió, ¿Te atreves a entrar?
Es una ratonera azul con quesito Gouda para atrapar Zafiros. Entendiéndose por tales, las gemas ciudadanas con posibles tonalidades azuladas.
No se trata de cualquier tipo de ciudadano al que pretenden meter en la galería de los ZAFIROS.
A poco usted pasa a creer que el hijo del vecino va a ser candidato a diputación, alcaldía o mínimo regiduría sólo por bajar la APP del PAN y anotarse como aspirante.
Naaa.
Debe traer consigo una jugosa dote que garantice la posibilidad de ganar la elección pues el partido no está en condiciones de sufragar ninguna campaña por pequeña que esta sea.
Para que lo vaya pensando desde ahora, antes de dejarse llevar por la ilusión de los ZAFIROS.
Y así, en plena Semana Santa, los panuchos se lanzan a su viacrucis electoral con la APP en la mano, como si fuera el Santo Grial.
No cargan cruces, cargan celulares; no buscan redención, buscan zafiros.
El Domingo de Resurrección no será de Cristo, sino de candidatos improvisados que compraron la idea, que con un “clic” ya tienen asegurada la diputación.
Pero cuidado: la ratonera azul no promete milagros, ni multiplicación de votos, ni resurrección de campañas muertas.
Al contrario, más parece un sepulcro donde se entierran ilusiones políticas con aroma a Gouda.
Así que, mientras unos celebran la Pascua, otros celebran la ilusión de ser “zafiros” en la galería panista.
Y al final, como buen sermón de Semana Santa, la moraleja es clara: no hay resurrección para quien confunde fe con marketing electoral.
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