MIERCOLES 24 JUNIO 2026
México y Estados Unidos (EU) siempre han tenido una relación tensa, básicamente, porque sus intereses habían sido siempre distintos.
En el siglo XIX, los EU tenían un espíritu expansionista, para consolidar su política de crecimiento poblacional a través de migraciones europeas, con un estrenado sistema democrático/liberal, basado en un Estado de Derecho constitucional, pero con grandes autonomías hacia los estados que formaban la Unión americana.
Mientras México, poseedor de un gran territorio deshabitado, se interesaba más por consolidar su independencia basada en un sistema formalmente igual que el de los EU, pero totalmente desconocido para el país en 300 años de virreinato, que tenía un gobierno centralizado, pero tolerante, habiendo concedido autonomías a los pueblos indígenas, estableciendo un sistema de comunidades, que atentaba con la noción de un Estado estructurado al estilo estadounidense.
El entrono político de México de inmediato se polarizó entre los llamados conservadores (curiosamente dentro de ellos estaban los pueblos indígenas) y liberales; los primeros querían preservar la estructura monárquica virreinal y los segundos imponer el sistema político importado de los EU.
Ante este entorno, los EU se aprovecharon de las divisiones políticas imperantes en México que ampliamente debilitaron al país, para inventar pretextos y declararle la guerra a México, que nos costó la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio (que en su gran mayoría estaba deshabitado).
Por fortuna, o desgracia, los gringos no quisieron apoderarse de todo nuestro país, al considerar que ello podía fortalecer a los estados del sur de EU que se encontraban tensados para separarse la de Unión americana y, también por consideraciones raciales y culturales de las que EU temió que contaminarían su visión hacia el futuro, que se basaba en la religión protestante y la migración europea.
Después, vinieron disputas menores entre nuestros países, cuando se temió por parte de EU que México se aliara con Alemania en la Primera Guerra Mundial, que devino en querer imponer a Victoriana Huerta como presidente de México.
Ahora bien, en estos tiempos en que vivimos, nos encontramos en nuestra relación bilateral con los EU, prácticamente casados en un matrimonio entre cónyuges que no se quieren, que se tienen desconfianza, pero no se separan porque tienen intereses comunes que los mantiene unidos, pero viven entre patadas por debajo de la mesa, y algunas bofetadas por encima de ella.
Nuestra relación comercial es tal que México se ha convertido en el mejor vendedor de mercancía “mexicana” hacia los EU, y mejor comprador de mercancía gringa desde los EU (pongo la palabra mexicana entre comillas, porque gran parte de la mercancía que les vendemos a los gringos, se compone de partes provenientes de EU o de otros lugares del mundo, pero se transforman en mercancías terminadas o semiterminadas que se exportan a EU, que con la regla de origen de cambio de fracción arancelaria, dichas mercancías se tornan mexicanas para efectos del T-MEC.
Sin embargo, a los EU les conviene esta situación porque los hace más competitivos en sus productos y hace que el precio de los productos terminados que se importan desde México se vendan en su mercado a precios cómodos para sus consumidores.
Es por ello y otras razones de índole económica y geopolítica (como mantener en México un país estable políticamente), que a los EU le conviene mantener vigente al T-MEC.
Sabemos que Trump constantemente dice, refiriéndose a Canadá o a México, que nuestros países no son importantes para los EU y que ellos fácilmente pueden persistir sin nosotros. Opino que ello es cierto en términos absolutos, pero EU sufriría enormemente en su economía y su pueblo resentiría de una manera muy fuerte los efectos de una política aislacionista al extremo.
Por ello considero que los factores reales de poder en los EU no permitirían a Trump hacer una locura de destruir el T-MEC, amén de que por sí no tiene las facultades para hacerlo sin autorización del Congreso.
Finamente, México se encuentra también casado con EU en materia de seguridad, porque los carteles mexicanos están afectando gravemente la salud de los estadounidenses con la exportación de drogas que han matado a cientos de miles de su gente, y por el lado mexicano, nuestro pueblo sufre gravemente la intrusión del crimen organizado en la vida política y social de los mexicanos, al asesinar, extorsionar y generar gran pérdida de libertades en México, todo ello alimentado por la importación incontrolable de armas.
Pero el detalle está, en que nuestro gobierno se ha coludido en gran medida con los carteles y no desea colaborar con los EU en perseguir a los políticos. El gobierno mexicano no persigue a los criminales, sino que los apoya e impulsa.
En grave paradoja nos encontramos los mexicanos, sabemos que para que esta colusión gobierno/narcos sea vencida, será necesaria la intervención de los EU, pero también sabemos que, históricamente, todas las intervenciones de EU en México nos han traído desgracias.
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