Guadalupe Parada Gasson
SABADO 27 JUNIO 2026
Por: Guadalupe Parada Gasson
Por años, la política chihuahuense ha girado alrededor de los mismos colores, los mismos apellidos y las mismas narrativas.
Sin embargo, el proceso electoral de 2027 marcará algo distinto; no será solamente una competencia entre partidos, sino una batalla por reconstruir la credibilidad de un sistema político profundamente desgastado.
Mientras la conversación pública se concentra en quién será candidato a la gubernatura, quién encabezará las alcaldías o cuántos diputados obtendrá cada fuerza política, el verdadero proceso ocurre debajo de la superficie.
Es ahí donde se están librando las guerras que pocas veces aparecen en los discursos oficiales.
Las pugnas internas ya comenzaron.
Los grupos de poder afinan estrategias, construyen alianzas temporales y, al mismo tiempo, preparan expedientes para destruir al adversario antes de que siquiera obtenga una candidatura.
Las filtraciones, los «trapitos al sol», las campañas negras y las zancadillas son parte cotidiana del proceso.
Paradójicamente, mientras la ciudadanía exige perfiles honestos, el método para seleccionar candidatos parece orientarse más a quién resiste mejor la guerra sucia que a quién posee la mayor capacidad para gobernar.
La política mexicana ha normalizado que la integridad no se valide por la trayectoria, sino por la capacidad de sobrevivir al lodo.
Y eso representa uno de los mayores riesgos para la democracia. El verdadero enemigo no es otro partido.
La mayor amenaza para cualquier fuerza política no será el PAN, Morena, Movimiento Ciudadano, el PRI o cualquier otro instituto político. El verdadero adversario será la falta de credibilidad.
Existe una ciudadanía profundamente cansada de promesas incumplidas, de gobiernos que cambian de color pero no de resultados, de políticos que únicamente aparecen en campaña y desaparecen cuando comienzan los problemas.
La desconfianza se ha convertido en el principal partido político de México.
Y cuando la confianza desaparece, también disminuye la participación ciudadana. El peligro de la apatía
Quizá el fenómeno más preocupante rumbo al 2027 no sea quién gane la elección. La verdadera preocupación es cuántos decidirán no participar.
Cuando la mayoría se abstiene de votar, las elecciones dejan de representar a la sociedad y comienzan a representar únicamente a las estructuras partidistas y a los grupos con mayor capacidad de movilización.
En otras palabras, una minoría termina decidiendo el futuro de millones.
La democracia pierde fuerza no cuando gana un partido determinado, sino cuando la ciudadanía deja de creer que su voto puede cambiar las cosas.
Ciudad Juárez: laboratorio político
Ciudad Juárez volverá a convertirse en el principal laboratorio político del estado.
La frontera concentra los mayores retos de Chihuahua; migración, inseguridad, crecimiento urbano desordenado, infraestructura insuficiente, desarrollo económico desigual y una ciudadanía cada vez más exigente.
Quien logre construir una narrativa creíble en Juárez tendrá una ventaja importante para proyectarse a nivel estatal.
Pero también será el municipio donde los errores políticos costarán más caro.
Los ciudadanos ya no premian únicamente la publicidad; comienzan a exigir resultados medibles.
¿Qué color dominará Chihuahua?
La pregunta se escucha en cafés, oficinas, universidades y reuniones empresariales. ¿Qué color gobernará Chihuahua en 2027?
Todavía es demasiado temprano para responder. Porque esta elección probablemente no la definirá el partido con mayor estructura, sino aquel que logre recuperar algo que todos dicen tener y pocos conservan; la confianza ciudadana.
Las marcas políticas pesan menos cuando las personas dejan de creer en quienes las representan.
Los nuevos actores
Toda elección importante produce nuevos liderazgos y acelera el retiro de otros. El 2027 no será la excepción.
Habrá figuras que hoy parecen invencibles y que desaparecerán del mapa político.
También surgirán perfiles que hoy pasan inadvertidos, pero que sabrán conectar con una ciudadanía cansada de los mismos discursos.
La política es dinámica.
El poder nunca permanece inmóvil.
La gran pregunta rumbo al 2028
Más allá de quién obtenga una gubernatura, una alcaldía o una diputación, existe una pregunta que terminará definiendo el nuevo mapa político de Chihuahua:
¿Quién llegará con verdadera vida política al 2028?
Porque ganar una elección ya no garantiza liderazgo.
Gobernar mal puede convertir una victoria en el inicio del declive.
Y perder con dignidad, construyendo confianza ciudadana, puede abrir el camino para convertirse en la opción del siguiente proceso electoral.
El reloj político ya comenzó a correr.
Los partidos siguen calculando posiciones.
Los aspirantes afinan estrategias.
Los ciudadanos observan con escepticismo.
Y, mientras unos siguen peleando candidaturas, otros comienzan a disputar algo mucho más importante; la confianza de una sociedad que hace tiempo dejó de otorgarla automáticamente.
La elección de 2027 no solo repartirá cargos públicos.
Definirá quién tendrá la legitimidad para conducir el rumbo de Chihuahua y de Ciudad Juárez hacia el final de la década.
Ese será el verdadero triunfo.
Y también la verdadera prueba para una clase política que enfrenta su mayor desafío; convencer a una ciudadanía que ya aprendió a desconfiar.
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