Cartapacio
MIERCOLES 05 AGOSTO 2026
Aquí me encuentro, agazapado, entumido, oculto, encubierto, dentro de mí mismo; entre el extraño follaje de mi averiada región lumbar. En silencio.
Aceptemos que hay dos mundos por dónde me desempeño.
- El mundo real que tú conoces y sobre el cual pervivo a pesar de mi condición en desgracia.
Y que podríamos asegurar que es la realidad cotidiana.
- El segundo, que es el hábitat de Metalepsis, mi enemigo mortal que no descansa, para darme muerte, pero que pese a su poder superior, no puede terminarme de una tajada.
Este lugar y sus movimientos son producto de mi imaginación; y lo que ahí ocurre, lo que mis alucinaciones dictan (que no es lo mismo.
El cáncer es todo un proceso de deterioro, que nos brinda esperanza de sanación a los que sabemos pelear; buscamos escondrijos, recovecos; distractores a nuestro enemigo.
Y hace dos días ocurrió un detalle importante.
Primero debo decir que dentro del arsenal con el que estamos dando la guerra, hay tres medicamentos pesados que le causan daño a Metalepsis:
Leuprorenina; Enzalutamida cápsula 40; y, Ácido zoledrónico 5 mg
También hay que decir que los médicos no tienen un tiro perfecto contra el animal, así que el primer medicamento va inyectado en la barriga y es cada mes.
El segundo, son unas cápsulas que contienen: macrogolglicéri2 de caprilocaprato, butilhidroxianisina (E320),
butilhidroxitolueno (E 321)
gelatina, glicerol, Sorbitol y dióxido de titanio.
Vienen en un paquete de 40 y es el arma más efectiva para aprovechar el factor sorpresa.
Se toma una cada 24 horas.
Y finalmente,
Ácido zoledrónico 5 mg inyección intravenosa. Anual.
Al parecer, este ácido zoledrónico junto con la Leuprorenina, se encargan de restaurar los daños que causa el cáncer, mientras que las capsulas son bombazos que desparraman su contenido y si lo tocan, lo destruyen.
Pues anteayer, creque le dimos una Shinga que no esperaba, pues luego de un mes volvimos a la Leuprolelina restauradora. y en lo que se movió el monstruo, le dimos la cápsula 40 en el mero hocico.
Andaba todo enchilado. Me di cuenta que ciego no es, pero no goza de una visión 20-20.
En su encabronamiento, se tallaba la cara mientras brincaba como caballo de rodeo, y aunque pasó dos veces frente a mi, no me vio y fue a sobarse a su rincón favorito.
Salí de puntitas y me recosté, de inmediato comencé a sufrir los dolores del carcoma.
Anoche, y hoy todo el día.
Yo aguanto, aquí agazapado, si tengo la oportunidad de estamparle de nuevo la cápsula en el hocico, lo volveré a hacer y ya les seguiré contando.
Nota al calce.
Cada vez se me complica escribir bien, hilar mis fichas, darle sentido literario a la narración.
Ténganme consideración
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