febrero 10, 2026

Timing Político

La política tiene su propio Timing

Claudia Sheinbaum y la defensa cultural de la nación mexicana

MARTES 10 FEBRERO 2026

POR JACK RO

Claudia Sheinbaum y Morena representan la defensa cultural y política de México, recuperando la memoria histórica y la identidad mestiza frente al eurocentrismo. Su proyecto busca soberanía auténtica, cohesionando comunidad y cultura como ciencia política en un mundo globalizado.

México y su memoria histórica

México es México en sí mismo, no porque lo definan las fronteras modernas, sino porque lo fue desde sus raíces mesoamericanas. Sin embargo, ese México originario fue colonizado, mestizado y transculturizado por una cultura europizada que impuso su lenguaje, sus símbolos y su visión del mundo. La colonización no solo transformó la política y la economía, sino que penetró en el corazón de la cultura, deformando la unidad social y sembrando la autonegación.

El tránsito de la cultura mesoamericana hacia la modernidad occidentalizada implicó una ruptura profunda. Lo que antes fue un arte político entendido como ciencia social —un lenguaje simbólico que cohesionaba comunidades y legitimaba el poder— se transformó bajo la lógica eurocéntrica en mercancía y ornamento. La política perdió su dimensión espiritual y comunitaria, reducida a instrumento utilitario.

La colonización marcó una ruptura cultural y política en México. La cosmovisión mesoamericana, que explicaba los fenómenos naturales desde lo sagrado y lo comunitario, fue incomprendida por Europa, que impuso categorías rígidas como cielo e infierno y satanizó lo distinto. La cristianización borró memorias y símbolos, transformando el arte político —entendido como ciencia social y cohesión comunitaria— en instrumento de dominación.

Los relatos coloniales, como las Cartas de Relación de Hernán Cortés, muestran el miedo y el asombro ante expresiones que para los pueblos originarios eran lenguaje divino. Esa incomprensión derivó en una occidentalización que exaltó lo ajeno y despreció lo propio. Sin embargo, la historia no se borra: se transforma. De esa fusión conflictiva nació el México mestizo, que hoy, a través del movimiento morenista, busca reconciliarse con sus raíces y recuperar la política como ciencia de lo colectivo, reafirmando identidad y soberanía cultural.

En este contexto, el movimiento de Morena y la figura de Claudia Sheinbaum se inscriben como una alternativa que busca recuperar la soberanía cultural y política de México. Su defensa de la nación no puede entenderse únicamente en términos económicos o partidistas, sino como un esfuerzo por reconstituir el tejido simbólico que nos define.

Morena se presenta como un proyecto que reivindica la memoria histórica y cuestiona las lógicas de dependencia hacia los bloques occidentalistas y hacia Estados Unidos. Frente a las alternativas socialistas y las presiones externas, la apuesta es por un México que se reconozca en sí mismo, en su historia y en su diversidad.

Sheinbaum, desde su trayectoria académica y política, ha insistido en la importancia de la soberanía energética, la defensa de los recursos naturales y la construcción de un modelo de desarrollo propio. Estos planteamientos no son ajenos a la dimensión cultural: implican recuperar la capacidad de decidir desde nuestra cosmovisión y no desde la imposición externa.

La política, entendida como ciencia y no como espectáculo, constituye un mecanismo de legitimación del poder orientado a cohesionar a la comunidad. Con la colonización, este sentido se transformó en desarraigo y pérdida de valores, costumbres y tradiciones étnicas bajo la lógica eurocéntrica, reduciendo lo político y lo colectivo a lo meramente utilitario.

En el presente, el reto del movimiento morenista consiste en construir un arte de la ciencia política auténticamente mexicana, capaz de integrar el conocimiento universal pero adaptado a nuestras necesidades históricas y autóctonas. La defensa de la nación implica rescatar la política como memoria viva y como herramienta de identidad, resistencia y cohesión social, evitando su degradación en mercancía. Morena y Claudia Sheinbaum encarnan este esfuerzo por reconstituir el vínculo entre creación política y vida comunitaria, proyectando un modelo propio de soberanía política, económica y social.

La tensión entre lo político y lo esclavista atraviesa la historia de México. La colonización impuso una visión dominadora que transformó la sociedad, pervirtiendo y deformando su memoria, sus raíces culturales y el conocimiento ancestral de su ciencia, su organización social y su génesis histórica. Frente a ello, la tradición mesoamericana nos recuerda que la cultura es un acto de vida, un lenguaje que conecta lo humano con lo divino.

El pasado y el presente se entrelazan en un proceso de reinvención cultural que coloca a México frente al espejo internacional: un país en desarrollo que busca progreso y autosuficiencia, pero también una sociedad de consumo marcada por contradicciones. Mientras tanto, los movimientos sociales reivindican la función simbólica y comunitaria de la cultura. En este escenario, la defensa de la nación mexicana implica resistir la mercantilización y recuperar la dimensión política, económica y social de la cultura como fundamento de identidad y soberanía.

La lucha que enfrenta México no es solo política o económica: es simbólica. Es la batalla por el significado de ser mexicano en un mundo globalizado que insiste en imponernos modelos ajenos. Defender la nación es defender nuestra memoria, nuestro arte y nuestra cosmovisión.

Claudia Sheinbaum y Morena representan, para muchos, la posibilidad de replantear nuestra relación con el poder, con la cultura y con lo sagrado. No se trata únicamente de gobernar, sino de construir un proyecto de nación que recupere la dignidad histórica y cultural de México.

México es México cuando se reconoce en su propia historia, cuando asume que la colonización y la transculturación no borraron su esencia, sino que la transformaron. La defensa de la nación pasa por rescatar esa memoria y proyectarla hacia el futuro.

La presidencia de Claudia Sheinbaum y el movimiento de Morena se inscriben en este proceso como una oportunidad para recuperar la soberanía cultural y política, resistir las presiones externas y reafirmar la identidad mexicana. La lucha es, en última instancia, por el sentido de nuestra cultura: entre lo simbólico y lo mercantil, entre la memoria y el mercado, entre la cosmovisión originaria y la globalización.

Defender la nación es defender nuestra historia, nuestro arte y nuestra dignidad. Es recordar que México no se borra: se transforma. Y en esa transformación, la cultura es el arma más poderosa para construir un futuro propio.

TIMING POLITICO

About Author