JUEVES 16 JULIO 2026
Pues ya termina el Mundial de Fútbol y deja varios aspectos interesantes para el análisis. Quizá lo más relevante sea que este espectáculo, organizado por la FIFA, reproduce características muy semejantes a las de los mundiales anteriores.
Puede calificarse como el gran espectáculo deportivo de las élites económicas debido al elevado costo que implica asistir. No se trata únicamente del precio del boleto; quienes acuden a los partidos deben cubrir gastos de transporte, hospedaje, alimentación y, además, consumir todo lo que rodea al espectáculo: camisetas, recuerdos, artículos oficiales y otros souvenirs.
En realidad, son pocos quienes cuentan con el poder adquisitivo suficiente para asistir a este o a cualquier otro mundial, especialmente conforme avanzan las eliminatorias y los precios aumentan significativamente, sobre todo en la fase final. Por ello, podría decirse que se trata de un espectáculo pensado, en gran medida, para los sectores con mayores recursos económicos.
También resulta pertinente señalar que la FIFA, como organismo rector del fútbol mundial, ha sido cuestionada en múltiples ocasiones por su cercanía con las grandes potencias, particularmente con Estados Unidos.
Aunque la organización del Mundial fue presentada formalmente como un esfuerzo conjunto entre tres países, en la práctica fue Estados Unidos el principal beneficiario de la mayor parte de la infraestructura, la derrama económica y la proyección internacional.
En ese contexto, también llamó la atención que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibiera el primer «Premio FIFA de la Paz», entregado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el sorteo final de la Copa Mundial de 2026. Este reconocimiento fue ampliamente debatido y alimentó las críticas sobre la cercanía entre ambos dirigentes.
Si muchos pensaban que la deferencia de la FIFA hacia Trump había alcanzado su punto máximo, pero no fue así, el escándalo siguió cuando el presidente estadounidense pidió la revisión de la suspensión producto de la tarjeta roja mostrada al delantero Balogun. Luego, la FIFA suspendió la sanción y el atleta participó en el siguiente partido contra Bélgica, la cual derroto a los estados unidos, o sea no les ayudó mucho esta situación. La FIFA sostuvo que la decisión fue tomada por sus órganos disciplinarios de manera independiente, el hecho provocó cuestionamientos sobre la credibilidad de la institución mundial.
Este Mundial estuvo marcado por este tipo de controversias. Para muchos observadores, la FIFA conserva una autonomía limitada frente a los intereses políticos y económicos de las grandes potencias y, con frecuencia, prioriza intereses comerciales sobre los principios de transparencia y ética deportiva.
Seguramente seguirán apareciendo nuevos episodios que alimenten este debate, pero lo ocurrido hasta ahora ya ha resultado suficientemente escandaloso.
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