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La política tiene su propio Timing

Narcisismo político y la búsqueda de una izquierda científica en México

DOMINGO 22 MARZO 2026

POR JACK RO

El texto analiza la historia política de México marcada por la dominación y la corrupción, señalando el narcisismo político como obstáculo. Propone una izquierda científica y ética, basada en proyectos colectivos, memoria histórica y valores de transparencia, justicia y servicio público.

La historia política de México se ha configurado como una larga secuencia de dominaciones y de tajantes sucesos. Desde la conquista y colonización, que impusieron estructuras de poder esclavistas, racistas y clasistas, hasta la independencia, que abrió la posibilidad de un proyecto nacional propio, el país ha transitado por modelos ideológicos que nunca lograron desprenderse del todo de las herencias coloniales.

En el siglo XX, las luchas revolucionarias prometieron una transformación profunda, pero pronto se vieron desviadas por prácticas de explotación y corrupción que traicionaron los ideales de justicia social. El tránsito hacia el siglo XXI ha estado marcado por la tensión entre un socialismo científico que busca racionalizar la función pública y un capitalismo pragmático que se impone como modelo global.
El proyecto de nación y la secuencia socialista científica.

El amlismo y el sheinbaumismo han intentado articular proyectos de nación más allá de la retórica, vinculados a una ética política que busca consolidar una socialización científica. Este enfoque plantea que la función pública debe ser entendida como servicio real, especialmente en tiempos de bonanza, y no como plataforma de enriquecimiento personal.

“El Gobierno, como ente administrativo del progreso y el desarrollo; el Partido, como escuela política formativa; y el Pueblo, razón de ser, deben integrarse en una estructura ética que garantice continuidad y coherencia.”

La socialización científica de la izquierda debe basarse en diagnósticos empíricos, planificación racional y ética pública. La función pública como servicio: en tiempos de bonanza, el Estado no debe ser plataforma de enriquecimiento personal, sino garante de justicia y equidad. La secuencia ideológica para construir continuidad entre luchas históricas y proyectos contemporáneos, evitando rupturas que diluyan la identidad socialista.

El narcisismo político como obstáculo

No obstante, en este proceso persiste un lastre: el narcisismo político. Esta cultura política, heredera de caudillismos coloniales y de liderazgos personalistas, continúa obstaculizando la consolidación de proyectos colectivos.

El dilema actual es claro: ¿seguir atrapados en la exaltación individual y en la retórica vacía, o avanzar hacia un liderazgo basado en proyectos de nación que respondan a las luchas históricas del pueblo mexicano y a las exigencias de una democracia madura?

La política mexicana se debate entre dos caminos: continuar con el narcisismo político, centrado en la exaltación personal, o consolidar una izquierda que se fundamente en proyectos de nación sólidos, éticos y científicos. Este dilema no es nuevo; se inscribe en una historia marcada por la traición a los ideales revolucionarios y por la necesidad de madurar en la politización democrática en lo individual y en lo general.

Las declaraciones de candidatos que se autoproclaman “idóneos” sin presentar proyectos sólidos sin propuestas claras, reflejan un perfil de narcisismo político. Este fenómeno privilegia la imagen personal sobre el contenido programático, reduciendo la política a un ejercicio de autoafirmación. El riesgo es que la ciudadanía reciba más un llamado emocional que una invitación a la reflexión crítica sobre el futuro colectivo.

La política mexicana se encuentra en un punto de inflexión. Tras siglos de tiranía, corrupción y defraudación histórica, el país enfrenta el dilema de continuar con prácticas de narcisismo político o avanzar hacia un liderazgo basado en proyectos de nación sólidos.

El artículo busca analizar, desde una perspectiva crítica, los riesgos de la política centrada en el ego y las posibilidades de una izquierda que se fundamente en la socialización científica, retomando la memoria histórica y proyectando un futuro transformador.

El narcisismo político, entendido como la exaltación de la figura personal por encima de los proyectos colectivos, ha sido una constante en la historia mexicana. Octavio Paz advertía que el poder en México tendía a convertirse en un “ritual de autoafirmación». Donde el líder se erige como figura central y desplaza al pueblo.

De tal manera que el discurso se convierte en espectáculo, generando adhesión emocional pero debilitando la capacidad crítica de la ciudadanía. La política se reduce a eslóganes vacíos, incapaces de sostener proyectos constructivos.

Luis Echeverría en los años setenta, con su discurso populista y sus eslóganes de “arriba y adelante”, que ocultaban prácticas autoritarias. Candidatos que se autoproclaman “idóneos” sin presentar proyectos claros, reduciendo la política a espectáculo. El riesgo es evidente: cuando la política se reduce a la retórica del ego, la ciudadanía recibe más un llamado emocional que una invitación a la reflexión crítica.
La herencia de la izquierda mexicana

La izquierda agrarista del siglo XX encarnó la lucha por los derechos campesinos, sembrando conciencia social derivada de la Revolución Mexicana, que reivindicó derechos fundamentales. En la actualidad, la izquierda contemporánea enfrenta el reto de definir propósitos, objetivos y estrategias claras, superando las viejas estructuras de lucha por poder y dinero.

La memoria histórica es valiosa, pero no suficiente: se requiere una izquierda que proyecte un modelo ideológico razonable y transformador. La izquierda mexicana ha enfrentado siempre la tensión entre modernidad capitalista y resistencia cultural.

Los aportes históricos de la izquierda en México son en la defensa de los trabajadores, como lucha por la tierra, construcción de conciencia política. Limitaciones de la fragmentación, y cooptación por el poder, incapacidad de consolidar una corriente ideológica unificada. Cual es el desafío actual, superar la nostalgia y proyectar una izquierda que dialogue con la ciencia, la ética y la función pública.

Procesos históricos de los movimientos de la izquierda en México

El cardenismo (1934–1940): Lázaro Cárdenas impulsó la reforma agraria y la nacionalización del petróleo, consolidando un proyecto de nación con fuerte base popular.

El movimiento estudiantil de 1968: mostró la necesidad de democratizar el sistema político, enfrentando la represión del Estado y evidenciando la distancia entre discurso revolucionario y práctica autoritaria.

El fraude electoral de 1986: marcó un punto de quiebre para la izquierda, al mostrar cómo las estructuras del sistema político podían bloquear la voluntad popular y reforzar el control del partido hegemónico.
El zapatismo (1994): reivindicó la autonomía indígena y la crítica al neoliberalismo, recordando que la izquierda debía ser plural y comunitaria.

El proceso electoral de 2006 evidenció nuevamente las tensiones entre democracia formal y prácticas de poder, con acusaciones de fraude que fracturaron la confianza ciudadana y radicalizaron la crítica al sistema.

El proceso electoral de 2012 reforzó la percepción de que la izquierda enfrentaba un aparato institucional y mediático adverso, donde el narcisismo político y la manipulación de la imagen prevalecieron sobre proyectos de nación sólidos.

La historia política de México ha estado marcada por más de quinientos años de dominación —desde la conquista y colonización hasta la independencia— y por una constante defraudación revolucionaria. Los ideales de transformación se han visto desviados por prácticas de poder personalista, en unos periodos bajo formas esclavistas y en otros bajo explotación moderna.

El tránsito hacia el siglo XXI muestra que la izquierda mexicana sigue arrastrando el lastre del narcisismo político, heredero de caudillismos coloniales y liderazgos personalistas. El dilema actual es claro: ¿continuar con la exaltación individual y la retórica vacía, o avanzar hacia un liderazgo basado en proyectos de nación que respondan a las luchas históricas del pueblo mexicano y a las exigencias de una democracia madura?

La responsabilidad de Morena

El partido Morena tiene una responsabilidad moral con el pueblo mexicano: desembragar las irregularidades políticas y garantizar que sus candidaturas respondan a principios éticos y socialistas. La autocrítica es indispensable para evitar que los proyectos se reduzcan a eslóganes vacíos y para asegurar que las propuestas se traduzcan en políticas públicas concretas.

Los problemas actuales, candidaturas dudosas que contradicen la ética de la izquierda y defraudan al pueblo. La necesidad de autocrítica, porque la memoria no basta; se requiere un ejercicio crítico que transforme la experiencia en acción política. Establecer mecanismos internos de control ético, evitar la dispersión ideológica y consolidar proyectos de nación coherentes. Ejemplo histórico: el PRI, tras el cardenismo, se convirtió en un aparato de poder que traicionó los ideales revolucionarios. Morena debe evitar repetir esa historia.

Hacia una izquierda propositiva

México necesita una izquierda propositiva y científica, capaz de superar el narcisismo político y consolidar proyectos consistentes. Con una autocrítica, en la memoria histórica y fundamentar los valores de la ética de los valores éticos que Andrés Manuel López Obrador ha repetido como guía de su proyecto político. Él los formula como “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, y los presenta como principios rectores de la llamada Cuarta Transformación.

En términos políticos, estos valores pueden leerse como un intento de reconfigurar la ética pública frente a la herencia de corrupción y clientelismo que ha marcado la política mexicana desde la colonia hasta el siglo XXI.

No mentir: plantea la necesidad de transparencia y honestidad discursiva, en contraste con la manipulación histórica de la retórica política.

No robar: se vincula con la crítica a la corrupción estructural, desde el saqueo colonial hasta las prácticas de enriquecimiento ilícito en gobiernos modernos.

No traicionar: busca reafirmar la lealtad al pueblo como sujeto histórico, frente a las traiciones recurrentes de élites que han desviado los ideales revolucionarios, son indispensables para construir una identidad ideológica transformadora

La política no puede sostenerse únicamente en la retórica del ego; la ciudadanía espera diagnósticos, soluciones y un compromiso real con la justicia, la libertad y la fraternidad solidaria. Solo así la izquierda mexicana podrá madurar en su politización democrática y dejar de ser esclava de sus propios tiranos, proyectando un futuro de transformación auténtica.

Con una autocrítica, indispensable para evitar la repetición de errores históricos. la socialización científica para construir políticas basadas en evidencia, ética y servicio público.

La identidad ideológica para consolidar una corriente propia que distingue a México en el panorama internacional. La política mexicana sólo puede ser auténtica si se construye desde la crítica y la resistencia cultural. Enfrenta el reto de madurar en su politización democrática.

Tras décadas de tiranía y defraudación revolucionaria, la pregunta es si la política seguirá centrada en la exaltación personal o si avanzará hacia un liderazgo transformador basado en proyectos colectivos.

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