LUNES 05 OCTUBRE 2026
La designación del coordinador de Morena en Chihuahua generó fuertes cuestionamientos sobre la transparencia del proceso interno. La victoria de Cruz Pérez Cuéllar frente a Andrea Chávez provocó acusaciones de imposición, evidenciando tensiones entre democracia interna, pragmatismo electoral e identidad ideológica del movimiento.
POR JACK RO
Cd Juárez Chih.- Uno de los fenómenos políticos más controvertidos ocurridos recientemente dentro de Morena se produjo tras la publicación de los resultados del proceso interno para definir la coordinación estatal rumbo a la gubernatura de Chihuahua. Después de una larga espera, la dirigencia nacional del partido dio a conocer la designación del coordinador político en una entidad que históricamente ha sido gobernada por fuerzas conservadoras vinculadas al PAN y al PRI.
La decisión generó una fuerte polémica entre diversos sectores de la militancia y de la opinión pública. Por un lado, se encontraba la figura de Andrea Chávez Treviño, quien durante los últimos años había desarrollado una intensa actividad política y territorial en distintos municipios del estado, consolidando una importante presencia dentro del movimiento.
Por otro lado, se encontraba Cruz Pérez Cuéllar, político con antecedentes en el Partido Acción Nacional y frecuentemente señalado por sus detractores como un ejemplo del denominado «chapulinismo» político. El resultado favoreció a Cruz Pérez Cuéllar mediante un mecanismo de selección cuyos criterios y metodología fueron cuestionados por diversos actores políticos y militantes.
La ausencia en un hermetismo suficiente en la información pública sobre el proceso alimentó sospechas respecto a la transparencia de la consulta y dio lugar a acusaciones de fraude e imposición por parte de la dirigencia partidista. A pesar del inconformismo manifestado por numerosos simpatizantes, la mayoría de los cuadros y estructuras del partido optaron por acatar la resolución oficial.
No obstante, para un sector de la militancia, este episodio representó una contradicción con los principios democráticos que históricamente han sido defendidos por Morena. Desde esta perspectiva crítica, la decisión fue interpretada como una práctica propia de la vieja cultura política mexicana, en la que las élites partidistas terminan imponiendo candidatos por encima de la voluntad de las bases.
En consecuencia, la controversia no se limita únicamente a la elección de una candidatura, sino que plantea interrogantes más profundos sobre la democracia interna, la legitimidad de los mecanismos de selección y la coherencia ideológica de un movimiento que se presentó originalmente como una alternativa frente a las prácticas tradicionales del sistema político mexicano.
Los debates internos surgidos en torno a los procesos de selección de candidaturas dentro de Morena han generado cuestionamientos sobre la naturaleza democrática del partido, la coherencia de su proyecto ideológico y la legitimidad de sus dirigencias.
En el caso expuesto, diversos simpatizantes y militantes interpretan ciertas decisiones políticas como una imposición de las élites partidistas, percibiendo una ruptura entre el discurso de participación popular y las prácticas reales de poder.
La controversia refleja una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto los mecanismos internos de Morena representan una democratización de la política mexicana o reproducen las lógicas tradicionales del sistema priista que históricamente criticó?
Autores como Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels sostienen que toda organización política tiende a concentrar el poder en una minoría dirigente. Michels denominó este fenómeno la «ley de hierro de la oligarquía», según la cual incluso los movimientos nacidos con vocación democrática terminan desarrollando estructuras burocráticas que limitan la participación de las bases.
Desde esta perspectiva, las críticas sobre el supuesto «dedazo» reflejan la percepción de que el poder efectivo reside en las dirigencias y no en la militancia.
Antonio Gramsci argumenta que los movimientos políticos construyen legitimidad no solo mediante el control institucional sino mediante la producción de consensos culturales e ideológicos.
Cuando las acciones de la dirigencia entran en contradicción con los valores fundacionales del movimiento, emerge una crisis de hegemonía. Las acusaciones sobre la incorporación de antiguos militantes del PRI y del PAN reflejan precisamente una tensión entre identidad ideológica y pragmatismo electoral.
La sociedad chihuahuense que simpatiza con el movimiento morenista considera que los acontecimientos políticos son interpretados desde marcos simbólicos y narrativos. Para algunos militantes, la llegada de figuras provenientes de otros partidos representa apertura democrática; para otros simboliza la traición a los principios originales del movimiento.
Lo relevante no es únicamente el hecho político, sino el significado que los actores sociales atribuyen a dicho hecho. Morena enfrenta una contradicción estructural entre su discurso transformador y la necesidad práctica de construir mayorías electorales mediante alianzas con actores provenientes del viejo sistema político.
Esta contradicción genera desencanto entre sectores de su base militante, quienes perciben que la llamada «Cuarta Transformación» corre el riesgo de reproducir las mismas prácticas que pretendía superar. Desde esta visión, la incorporación de políticos considerados «chapulines» y la concentración de decisiones en las dirigencias representarían síntomas de una progresiva burocratización del movimiento.
Por otra parte, puede sostenerse que la integración de liderazgos provenientes de distintas tradiciones políticas constituye una consecuencia lógica del crecimiento de Morena como fuerza gobernante. Desde esta postura: Gobernar requiere congruencia política. Los procesos internos inevitables generan ganadores y perdedores.
Los desacuerdos no son signos de decadencia sino de pluralidad. La presencia de ex militantes de otros partidos no implica necesariamente abandono ideológico. Bajo esta interpretación, las críticas reflejan más una disputa por espacios de poder que una crisis terminal del proyecto político.
El discurso recogido en las conversaciones gira alrededor de varios símbolos políticos fundamentales. La palabra «dedazo» funciona como un símbolo histórico profundamente arraigado en la memoria política mexicana.
No se refiere solamente a una designación de candidatos. Representa la negación de la voluntad popular y el retorno de prácticas asociadas al presidencialismo autoritario del siglo XX. Por ello, cuando algunos militantes hablan de dedazo, expresan una sensación de traición a la promesa democratizadora del movimiento.
La figura del chapulín representa la movilidad oportunista entre partidos. Ideológicamente simboliza: Debilidad doctrinal. Incongruencia extrema contradictoria. Prioridad de ambiciones personales sobre principios políticos. Cuando los participantes afirman que Morena se convirtió en un partido de chapulines, están cuestionando la autenticidad ideológica de sus cuadros dirigentes.
La revolución de las conciencias es uno de los conceptos más significativos en el debate es la «revolución de las conciencias». Mientras algunos consideran que las decisiones internas contradicen dicho proyecto, otros sostienen que precisamente esa revolución ha permitido que la ciudadanía detecte y critique las inconsistencias del poder. Paradójicamente, el debate mismo sería una evidencia de esa transformación cultural.
Las redes sociales contra los medios tradicionales, aparece también la idea de que la opinión pública ya no depende exclusivamente de los medios de comunicación convencionales. Facebook, WhatsApp y otras plataformas se presentan como espacios donde la ciudadanía construye narrativas alternativas, esto representa una redistribución del poder simbólico.
La legitimidad política ya no constituye un monopolio de la televisión ni de la prensa tradicional. Este fenómeno puede interpretarse como la confrontación entre dos lógicas políticas.
Por un lado, una lógica de carácter transformador, sustentada en la fidelidad ideológica y en la participación activa de la ciudadanía como conjunto de sujetos reflexivos que intervienen en la renovación de la cultura política a partir de la observación crítica de los acontecimientos de su tiempo histórico.
Por otro lado, una lógica institucional orientada a la obtención de mayorías electorales, la gobernabilidad y la gestión del poder. Toda fuerza política que transita de la oposición al gobierno experimenta la tensión permanente entre estas dos dinámicas.
El conflicto no es accidental; es inherente al proceso de institucionalización del poder. El debate reflejado en estos diálogos expresa una preocupación más profunda que la simple selección de una candidatura. Lo que está en juego es la identidad misma de Morena como proyecto político.
Los participantes perciben una contradicción entre la promesa de transformación democrática y ciertas prácticas que consideran heredadas del antiguo régimen político mexicano. La crítica hacia los liderazgos, los llamados chapulines y los procesos de selección revela una crisis de confianza que puede afectar la legitimidad simbólica del movimiento.
De tal forma, también emerge una visión alternativa: la transformación política no es un proceso lineal ni puro, sino una construcción compleja en la que conviven ideales revolucionarios y necesidades pragmáticas de gobierno.
La verdadera cuestión no es únicamente quién obtiene una candidatura, sino si el movimiento será capaz de mantener la coherencia entre sus principios fundacionales y el ejercicio cotidiano del poder. En esa tensión se juega buena parte del futuro político de Morena y de la izquierda mexicana.
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