Guadalupe Parada Gasson
SABADO 15 AGOSTO 2026
Por Guadalupe Parada Gasson
En política, las campañas suelen comenzar mucho antes de que aparezcan las boletas.
Y en Chihuahua, todo indica que Ciudad Juárez ya entró de lleno a esa etapa en la que los discursos institucionales todavía hablan de gobierno, mientras los operadores políticos comienzan a hablar de territorio, posicionamiento y rentabilidad electoral.
El PAN parece haber entendido algo elemental; quien quiera disputar la gubernatura en 2027 tendrá que librar una batalla importante en esta frontera.
Por eso los espectaculares contra Morena no son solamente propaganda; son una declaración de guerra política.
El problema es que cuando la confrontación sube de tono, también sube la factura.
Morena respondió, el gobierno municipal entró al intercambio y el debate público comenzó a desplazarse de los resultados de gobierno hacia la disputa por el relato.
Y ahí está el verdadero riesgo para todos; convertir a Juárez en un gigantesco ring electoral cuando la ciudadanía todavía espera respuestas concretas en seguridad, servicios públicos, infraestructura y desarrollo económico.
El ciudadano no necesariamente distingue entre una estrategia partidista y una acción de gobierno; muchas veces simplemente observa quién está peleando y quién está resolviendo.
Morena, por su parte, tampoco está precisamente en misa.
La definición de su candidatura a la gubernatura ya provoca mediciones, señales, alianzas y reacomodos. Cruz Pérez Cuéllar aparece como uno de los nombres centrales de la ecuación, y eso inevitablemente convierte a Juárez en parte de su capital político.
Pero una candidatura competitiva no se construye únicamente con reconocimiento; requiere estructura, acuerdos, operación territorial y, sobre todo, capacidad para mantener unido al partido cuando llegue la hora de las definiciones.
Y aquí aparece el dato que verdaderamente inquieta a los estrategas; Juárez puede ser decisivo para la elección de 2027.
No solamente por su peso electoral, sino porque representa una concentración de estructuras partidistas, sectores económicos, organizaciones sociales y grupos políticos capaces de inclinar la balanza.
Por eso nadie quiere llegar tarde al tablero. Los que hoy dicen que “todavía no son tiempos” probablemente ya están haciendo cuentas, midiendo simpatías y tocando puertas.
En política, negar que se está haciendo campaña suele ser una forma bastante elegante de hacerla.
Lo interesante será observar quién consigue convertir el ruido en ventaja.
Porque una cosa es lanzar espectaculares, intercambiar acusaciones o exhibir al adversario, y otra muy distinta es construir una narrativa capaz de convencer a un electorado fronterizo cada vez más exigente.
Juárez no es un territorio que se gane solamente con estructuras partidistas; aquí pesan los resultados, la percepción de seguridad, la economía, los servicios y la relación cotidiana de los ciudadanos con el poder.
Así que el verdadero chisme político no está en quién atacó primero, sino en quién está moviendo las piezas detrás del escenario.
Mientras PAN y Morena se acusan mutuamente de adelantar los tiempos, sus grupos ya comienzan a tomar posiciones.
La sucesión de Chihuahua todavía no tiene convocatoria, pero ya tiene tablero, jugadores y primeras fichas en movimiento.
Y como suele ocurrir en política, cuando todos aseguran que la partida todavía no empieza, generalmente es porque alguien ya lleva varios movimientos de ventaja.
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