DOMINGO 03 MAYO 2026
Pues sigue vigente el tema de Trump. Todo indica que esta situación podría prolongarse, al menos, hasta fin de año, cuando tal vez se dé algún cambio en la composición del Congreso. Por ahora, prácticamente no hay contrapesos y el personaje hace y deshace a su antojo. Para México, esto representa un problema importante, porque hay que reconocer que el narcotráfico ha sido un tema constante desde los años ochenta.
Desde entonces, y a lo largo de las décadas, hubo desacuerdos y relaciones de fuerza en las que México pocas veces pudo hacer frente a Estados Unidos en materia de soberanía o respeto pleno a los principios internacionales. El multilateralismo, que en teoría debía equilibrar estas relaciones, muchas veces ha sido más una aspiración que una realidad. Hoy vemos cómo Estados Unidos sigue actuando principalmente en función de sus propios intereses.
En 1985 fue asesinado en México el agente de la DEA (Administración para el control de Drogas), Enrique Camarena, lo que provocó una fuerte presión del vecino país hacia México, buscando castigar a los responsables. Esta presión incluyó acciones muy cuestionadas, como el secuestro del médico mexicano Humberto Álvarez Machain por parte de autoridades estadounidenses, acusado de participar en la tortura realizada al agente Camarena.
Muchas veces, este tipo de casos son vistos por Estados Unidos como pretextos para aumentar su injerencia en asuntos internos de otros países, principalmente de América Latina; ya que históricamente los ha considerado parte de su área de influencia y por ello los interviene.
El caso de Panamá es uno de los ejemplos más claros. En 1989, Estados Unidos invadió el país para derrocar a líder militar Manuel Noriega, bajo argumentos relacionados con el narcotráfico, causando graves daños y numerosas muertes civiles.
También, algo similar ocurrió en 2003 en Irak, donde la invasión norteamericana se justificó bajo la supuesta existencia de armas químicas (que después nunca fueron encontradas). En ese contexto, el entonces presidente de México, Vicente Fox, destacó por su llamado al presidente iraquí Saddam Hussein para que entregara las armas, las cuales, ya vimos, no existieron.
Si realmente tuviera Estados Unidos una preocupación por combatir el narcotráfico, también tendría una estrategia mucho más elaborada e integral para reducir su consumo interno. Sin embargo, con frecuencia la política exterior parece moverse solo entre intereses estratégicos, económicos y geopolíticos, más allá del discurso oficial antidrogas.
Incluso, decisiones recientes, como el polémico indulto a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, al cual le dio la libertad el presidente Trump a pesar de que ya estaba condenado, con pruebas contundentes, han generado cuestionamientos sobre la coherencia de esa política.
En América Latina, varios procesos judiciales o intervenciones han sido interpretados por sectores críticos como parte de estrategias de influencia más amplias, especialmente en países con recursos estratégicos, como el petróleo. Esto alimenta la percepción de que, detrás del discurso de seguridad o justicia, también existen objetivos políticos y económicos.
Estas situaciones generan cuestionamientos importantes, como: ¿cuándo se actuará con la misma fuerza en ciudades como Filadelfia, Los Ángeles, Dallas o Nueva York, para frenar el consumo y la distribución interna de drogas? ¿Por qué la responsabilidad suele recaer únicamente en los países productores, mientras se ignora el enorme mercado consumidor que sostiene este fenómeno?
México, por su parte, ha realizado esfuerzos importantes para combatir a grupos criminales involucrados en la producción y tráfico de estupefacientes. Se han realizado capturas, decomisos y operativos relevantes, pero para Estados Unidos esto rara vez parece ser suficiente. Desde una visión crítica, muchas veces da la impresión de que el problema del narcotráfico también funciona como pretexto para mantener presión e influencia sobre el territorio mexicano.
Lo preocupante es que hoy esa presión parece menos diplomática y más abierta. Gobiernos estadounidenses anteriores, tanto republicanos como demócratas, al menos guardaban ciertas formas institucionales; sin embargo, la actual administración trumpista ha mostrado en poco tiempo una actitud más agresiva y directa, generando con ello una situación delicada para México.
Nuestro país ha realizado esfuerzos desesperados por combatir a los principales criminales involucrados en la producción y tráfico de estupefacientes. Realmente ha dado varios golpes, pero para Estados Unidos no es suficiente, porque solo es un pretexto para mantener el control del territorio mexicano; ya no guarda las formas mínimas. Esto nunca lo habíamos visto.
Los regímenes, ya fueran republicanos o demócratas, tenían cierto margen de respeto, pero la actual administración de Trump ha hecho en poco tiempo lo que ningún otro gobierno hizo en contra de la soberanía de México. Hay una situación peligrosa, que solo puede ser enfrentada con la ley y combatiendo todo tipo de crimen, pero, asimismo, exigiendo el respeto a nuestro país. No queda de otra.
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